Qué bien. De haber sido a conciencia
la elección de la mesa, no habría sido tan buena ubicación como la
que el azar (o la improvisación, o el descuido, o la torpeza) me
dio. En el ángulo. Mi mesa está en la esquina que une las dos alas
del bar. Hacia mis dos costados, hileras de sillas y mesas se
distribuyen mas o menos ordenadamente. A mi izquierda, la ventana. El
bar está ocupado a la mitad de su capacidad, o quizás un poco mas.
Todos hablan, masa uniforme el sonido
de todas las conversaciones juntas. Promedio de tono, poco mas, poco
menos. La temática también ha de ser similar. Factor condicionante
de las charlas: estar situado el bar en el mismísimo centro de
ciudad universitaria.
Las anotaciones, garabateos que hago,
logran pasar bien desapercibidas. Casi todos los presentes tienen
sobre sus mesas apuntes, resaltadores, hojas, lapiceras y demás
herramientas que todo buen portador del saber autorizado que se
precie de tal ha de tener. Algunos escriben. Lo único disruptivo es
no tener un apunte al lado a partir del cual hacer anotaciones.
Osadía la de sacar palabras desde dentro (?!).
Pienso: bar, ciudad universitaria,
charlas, ¿temáticas? ¿Cómo habrá sido un bar, en este mismo
lugar, en otra década, tal vez en los '70? ¿De qué palabras se
habrán nutrido las charlas? ¿Será que hacían resúmenes o
preparaban exposiciones? Nostalgia de lo que no ví, preguntas al
vacío; lo único que puedo contemplar ahora es a una sumatoria de
grupitos en su frenesí de estar en carrera.
Pero no, vuelvo, tengo que escribir
che, que vine a un bar a-buscar-inspiración. Vamos de nuevo: a mi
izquierda, la ventana. Afuera hace frío, los primeros fríos, la
gente comenzando a abrigarse. Resulta gracioso ver las disparidades
de las primeras ropas encimadas: los hay quienes se amontonaron pilas
de ropajes, los mas tímidos o progresivos que se adecuan al otoño,
y los que se resisten a abandonar la liviandad del verano, y lucen
valientemente sus pieles de gallina. Llovizna, ¡debiera ser mas que
propicio, maldita inspiración! Mmm... quizás necesita que la
estimule con los otros condimentos de la inspiración de un bar,
según indica el <manual de musas según situaciones y
contextos típicos de escritor>, que
llevo en la mochila por si acaso. Veamos que dice....acá
está...en el índice encuentro: “contexto de bar, día lluvioso
y frío”. Voy a la pagina indicada, que dice: “Se
recomienda en estos casos escribir sobre temática triste,
preferentemente amorosa (nunca falla). Pida al mozo un café si es de
mañana o tarde, o una bebida alcohólica si es de noche, y déjese
llevar por la lapicera”. No me gusta el café, arrogancia
encascarada. A la bohemia no puedo jugar, no señor, no voy a pedir
una cerveza a estas horas tan de sobriedad generalizada y pautada. No
hay otra mas que pedir un insulso té.
No hay mozo. No existe la idea siquiera
de mozo en este nuevo diseño de bar, híbrido de fast food. Hay que
dirigirse al mostrador, pedir, retirar, pagar, dar media vuelta y
buscar mesa. Rápido, todo rápido. Insulso, no solo el té.
Ya sé, necesito un impulso, un
disparador... a tono con el día frío, lloviznoso, el bar... que
va'cer, al final será el vicio de la comodidad caer siempre en el
manual... Podría empezar con algo como... “estabas tan extraño
el otro día. Tus ojos hablaban, tu boca no. Sentía un hueco en lo
profundo del pecho. Hasta podía palparlo, tanteando, con las manos
temblorosas, impotentes y dolidas por no poder alcanzar tu rostro,
para surcarlo con los dedos. Estabas tan desconcertadamente raro
que...”. Pero no, a quien engaño. Aunque basado en hechos
reales, recuerdo pasado por la compactadora se vuelve melancolía
estándar. Y esta inspiración de cotillón no te va a traer hasta
acá, a este bar que no es tan bar, a esta mesa tan rodeada de
velocidad, para llegar a ninguna parte.
Ya se hizo la hora. No hay mozo a quien
llamar, me voy sin nadie a quien agradecer, ninguna atención. Quizás
la llovizna complete el sentido de este, el impulso.
Aye, me encantó este escrito. Me parece muy auténtico...leo y se desliza, creo que sin querer, tu idiosincracia...eso me gusta. Me gusta cuando los escritos dejan ver la personalidad de quien lo escribe.
ResponderEliminarMe gustaron muchos pasajes del texto, sobre todo estos:
- Casi todos los presentes tienen sobre sus mesas apuntes, resaltadores, hojas, lapiceras y demás herramientas que todo buen portador del saber autorizado que se precie de tal ha de tener.
- Nostalgia de lo que no ví, preguntas al vacío; lo único que puedo contemplar ahora es a una sumatoria de grupitos en su frenesí de estar en carrera.
- Llovizna, ¡debiera ser mas que propicio, maldita inspiración! Mmm... quizás necesita que la estimule con los otros condimentos de la inspiración de un bar, según indica el , que llevo en la mochila por si acaso. Veamos que dice....acá está...en el índice encuentro: “contexto de bar, día lluvioso y frío”. Voy a la pagina indicada, que dice: “Se recomienda en estos casos escribir sobre temática triste, preferentemente amorosa (nunca falla). Pida al mozo un café si es de mañana o tarde, o una bebida alcohólica si es de noche, y déjese llevar por la lapicera”. No me gusta el café, arrogancia encascarada. A la bohemia no puedo jugar, no señor, no voy a pedir una cerveza a estas horas tan de sobriedad generalizada y pautada. No hay otra mas que pedir un insulso té.
- No hay mozo. No existe la idea siquiera de mozo en este nuevo diseño de bar, híbrido de fast food.
- …pero no, a quien engaño. Aunque basado en hechos reales, recuerdo pasado por la compactadora se vuelve melancolía estándar. Y esta inspiración de cotillón
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLeer "El impulso" fue como entrar en una cocina, donde había varias ollas tapadas... no sabía bien qué había adentro, pero sí que en cada una algo estaba hirviendo... al destaparlas surgieron varios temas: como la intelectualidad, los ritos del escritor, la juventud, la lógica del fast-food...
ResponderEliminarpero en todas las ollas estaba el mismo condimento... la política. Coincido con Tefi en que el texto es muy auténtico.
Me quedé con la sensación de que la autora tiene más cosas que decir sobre el tema... y espero que vaya poniendo más ollas!
Genial la reflexión de Sopa, muy lindo comentario!
ResponderEliminarMe parece que es acertada la metáfora de las ollas hirviendo, pero pero personalmente me sentí como si se abriera y se cerrara la puerta de la cocina. No es una crítica ni constructiva ni de ningún tipo, porque creo que el texto logra lo que se propuso, pero yo lo sentí como una visión muy rasante de temas que pueden ser muy profundos.
ResponderEliminarAhora ¿está bien que escriba esto o no aporta nada? ¿Debería no decir nada? No me gusta decir que el texto no funcionó en mi, pero tampoco me gustaría no comentar algo que me pareció. ¿Me lo guardo la próxima vez?
Pd: a mí me gustaría conocer todas las impresiones que genera lo que escribo, por más que no sean todas buenas. Para mí para eso es LQS, y eso es lo que significa compartir y, en algunos casos, lo que nos ayuda a mejorar. Pero, a quien no le gusta un "voto no positivo" (jaja), perfectamente puedo no comentar nada! Por mi parte, todo va con onda!
ResponderEliminarno, Hora, no te lo guardes ni esta ni las proximas! Justo anoche, leyendo el texto de Orsai que Tefi incluyó en el disparador, coincidía con el autor del texto y con muchos de los comentarios que le siguieron, en cuanto a la importancia de los comentarios, de amigos, de "bloggers" y demas. Y por comentarios, entiendase, de todo tipo y color!
ResponderEliminarp.d: ademas coincido, ya que el texto de hecho creo que ni siquiera tenía un propósito. Fue eso supongo, sobrevolar algunos temas, pero sin aterrizar