Es un tipo algo simpático. Siempre
está en el lugar donde tiene que estar, vestido del modo que
debe vestir. Calculador. ¿Te dije que lleva siempre pantalones negros anchos? Bueno, así viste y
nunca desviste, porque tiene que estar listo por si las dudas, ¿sabes? Igual, todo es así hasta que conoce a Anake.
Ella es una chica bastante calladita y seria a primera vista, responsable, fue la abanderada en la escuela, todos los domingos misa, en fin, todo lo esperablemente correcto, la nieta que cualquiera quisiera, vos me entendés. La cuestión empezó un domingo después de misa, ella salía, de punta en blanco siempre, para dar primero una vueltita a la plaza y rumbear después pa' las casas. Pero en el recorrido se fué a meter él, medio de un tropezón, por decirlo así. Mientras ella caminaba despacito, midiendo cada paso, y como acariciando el piso, él se fue adelantando, matemáticamente -a razón de dos pasos suyos por cada uno de ella- hasta llegar a su lado, y bastante torpemente, sacar conversación con cualquier pavada, creo que le dijo algo del clima. (no es que sea chusma, eh? Yo los ví de casualidad, porque salí de la iglesia un rato después de ella, y por eso los vi vuelteando a la plaza, medio tonteando te diría).
Y así de simple empezó su historia. Como ella es vecina mía (por eso es que conozco bien como
fué, no es que me interese la vida de otros, no vayas a pensar, eh?), me fui enterando que estaban noviando. Desde el principio noté que las tardes que no pasaba por su casa, ella era capaz de quedarse horas y horas mirando por la ventana, la mirada lánguida, las manos alisando la pollera, sentada en un sillón hamaca. Pa' mi que para él era una distracción, algo para entretenerse en tanta monotonía del pueblo. Él además es un tipo de letras, ¿sabías? Estudió en no se qué universidad, ¡bohemio encima...! Aunque a sus responsabilidades no falla nunca, hay que reconocer. En cambio ella debe haber pensado desde el principio en el casamiento, en los hijos, y todo eso que a una le enseñan a anhelar, ¿no? Él pasaba de cuando en cuando a visitarla, y entonces a ella se le iluminaba la cara, parecía que encandilaba si se la miraba en ese momento. En lo que más se parecían era en la pulcritud, en la perfección de sus presencias, parecía un despliegue de protocolo de la realeza verlos caminar de la mano por la vereda. Porque por lo demás, ¡yo siempre los ví tan distintos...! Igual parece que de alguna forma extraña se entendían los dos, porque anduvieron juntos bastante tiempo. Anake se pasaba las tardes leyendo frente a su ventana los libros que él le prestaba, y mientras, -como excusa-, pispiaba la vereda para ver si ese día pasaba de visita. Nunca entendí por qué ella era siempre la que lo esperaba, y no iba a buscarlo a su casa en vez de estar como una Penélope. Es raro, porque la Anake siempre fué tan independiente... pero bueno, siempre se dice que el amor cambia a la gente, ¿no?
Pero con el tiempo ella fue dejando de habitar la ventana y el sillón, ya no se la veía leyendo tanto tampoco. Salía sola a caminar, igualito a aquel día en la plaza, se sentaba un rato en un banco, clavaba la mirada en cualquier lugar, se quedaba así un buen rato, y cuando una empezaba a pensar (con miedo) si no estaría teniendo síntomas autistas, se levantaba de repente y caminaba a paso mas rápido, hacia su casa (es porque mi casa da justo en dirección transversal a la plaza, y vos sabés cuanto me gusta mirar la plaza a la tarde, teniendo una vista privilegiada así sería un despropósito desaprovecharla, ¿o no? encima con lo lindas que están las plantas en esta época, es sólo por eso que se daba la casualidad de que la veía en su nueva rutina...).
Parecía que ya no le importaba esperarlo. La antigua obsesión se había convertido en la mas plena indiferencia. Ni siquiera rechazo, sino una pura indiferencia. Eso si, cuando la visitaba, Anake lo recibía contenta de todos modos (aunque sospecho que era una alegría de protocolo también). Y parecía que esa cuota de frescura y alegría se la habían intercambiado, traspasado, porque lo que antes él no expresaba, ahora le desbordaba por los poros. No sé si cambió de idea, o lo que al principio era entretenimiento se lo fué tomando sin querer en serio, la cuestión es que al tipo se lo veía cada vez mas entregado. Si, así te lo digo, no exagero. En cada gesto, en cada ademán, en cada movimiento de su cuerpo frente a ella parecía que le ponía a su disposición su humanidad entera, para que ella hiciese o deshiciese, según quisiera. Y parece que la Anake algo descifró en ese mensaje sin palabras, porque hizo y deshizo. Será que se había aburrido de esperar, o que se gastó de repente el frasquito de la pasión muy al principio y no dejó ni una gota para su ansiado matrimonio. Ya para esos tiempos, en que uno se alejaba y el otro mas se acercaba, el protocolo se hizo pedazos y ahora sólo se veía, con una claridad estremecedora, un forcejeo invisible. Ya para esos tiempos te digo, se notaba que no daba para mas (no es que yo hubiera estado pensando en eso eh? para nada, pero era imposible no darse cuenta de esas cosas, con solo verlos nomas...parecía como si se hubieran dibujado en las frentes, con lapicera, los pensamientos de cada uno, como para que todo el pueblo se los lea).
debe vestir. Calculador. ¿Te dije que lleva siempre pantalones negros anchos? Bueno, así viste y
nunca desviste, porque tiene que estar listo por si las dudas, ¿sabes? Igual, todo es así hasta que conoce a Anake.
Ella es una chica bastante calladita y seria a primera vista, responsable, fue la abanderada en la escuela, todos los domingos misa, en fin, todo lo esperablemente correcto, la nieta que cualquiera quisiera, vos me entendés. La cuestión empezó un domingo después de misa, ella salía, de punta en blanco siempre, para dar primero una vueltita a la plaza y rumbear después pa' las casas. Pero en el recorrido se fué a meter él, medio de un tropezón, por decirlo así. Mientras ella caminaba despacito, midiendo cada paso, y como acariciando el piso, él se fue adelantando, matemáticamente -a razón de dos pasos suyos por cada uno de ella- hasta llegar a su lado, y bastante torpemente, sacar conversación con cualquier pavada, creo que le dijo algo del clima. (no es que sea chusma, eh? Yo los ví de casualidad, porque salí de la iglesia un rato después de ella, y por eso los vi vuelteando a la plaza, medio tonteando te diría).
Y así de simple empezó su historia. Como ella es vecina mía (por eso es que conozco bien como
fué, no es que me interese la vida de otros, no vayas a pensar, eh?), me fui enterando que estaban noviando. Desde el principio noté que las tardes que no pasaba por su casa, ella era capaz de quedarse horas y horas mirando por la ventana, la mirada lánguida, las manos alisando la pollera, sentada en un sillón hamaca. Pa' mi que para él era una distracción, algo para entretenerse en tanta monotonía del pueblo. Él además es un tipo de letras, ¿sabías? Estudió en no se qué universidad, ¡bohemio encima...! Aunque a sus responsabilidades no falla nunca, hay que reconocer. En cambio ella debe haber pensado desde el principio en el casamiento, en los hijos, y todo eso que a una le enseñan a anhelar, ¿no? Él pasaba de cuando en cuando a visitarla, y entonces a ella se le iluminaba la cara, parecía que encandilaba si se la miraba en ese momento. En lo que más se parecían era en la pulcritud, en la perfección de sus presencias, parecía un despliegue de protocolo de la realeza verlos caminar de la mano por la vereda. Porque por lo demás, ¡yo siempre los ví tan distintos...! Igual parece que de alguna forma extraña se entendían los dos, porque anduvieron juntos bastante tiempo. Anake se pasaba las tardes leyendo frente a su ventana los libros que él le prestaba, y mientras, -como excusa-, pispiaba la vereda para ver si ese día pasaba de visita. Nunca entendí por qué ella era siempre la que lo esperaba, y no iba a buscarlo a su casa en vez de estar como una Penélope. Es raro, porque la Anake siempre fué tan independiente... pero bueno, siempre se dice que el amor cambia a la gente, ¿no?
Pero con el tiempo ella fue dejando de habitar la ventana y el sillón, ya no se la veía leyendo tanto tampoco. Salía sola a caminar, igualito a aquel día en la plaza, se sentaba un rato en un banco, clavaba la mirada en cualquier lugar, se quedaba así un buen rato, y cuando una empezaba a pensar (con miedo) si no estaría teniendo síntomas autistas, se levantaba de repente y caminaba a paso mas rápido, hacia su casa (es porque mi casa da justo en dirección transversal a la plaza, y vos sabés cuanto me gusta mirar la plaza a la tarde, teniendo una vista privilegiada así sería un despropósito desaprovecharla, ¿o no? encima con lo lindas que están las plantas en esta época, es sólo por eso que se daba la casualidad de que la veía en su nueva rutina...).
Parecía que ya no le importaba esperarlo. La antigua obsesión se había convertido en la mas plena indiferencia. Ni siquiera rechazo, sino una pura indiferencia. Eso si, cuando la visitaba, Anake lo recibía contenta de todos modos (aunque sospecho que era una alegría de protocolo también). Y parecía que esa cuota de frescura y alegría se la habían intercambiado, traspasado, porque lo que antes él no expresaba, ahora le desbordaba por los poros. No sé si cambió de idea, o lo que al principio era entretenimiento se lo fué tomando sin querer en serio, la cuestión es que al tipo se lo veía cada vez mas entregado. Si, así te lo digo, no exagero. En cada gesto, en cada ademán, en cada movimiento de su cuerpo frente a ella parecía que le ponía a su disposición su humanidad entera, para que ella hiciese o deshiciese, según quisiera. Y parece que la Anake algo descifró en ese mensaje sin palabras, porque hizo y deshizo. Será que se había aburrido de esperar, o que se gastó de repente el frasquito de la pasión muy al principio y no dejó ni una gota para su ansiado matrimonio. Ya para esos tiempos, en que uno se alejaba y el otro mas se acercaba, el protocolo se hizo pedazos y ahora sólo se veía, con una claridad estremecedora, un forcejeo invisible. Ya para esos tiempos te digo, se notaba que no daba para mas (no es que yo hubiera estado pensando en eso eh? para nada, pero era imposible no darse cuenta de esas cosas, con solo verlos nomas...parecía como si se hubieran dibujado en las frentes, con lapicera, los pensamientos de cada uno, como para que todo el pueblo se los lea).
Al tiempito el fulano dejó de ir a su
casa (pa' mi que ella lo mandó mudar), pero el Carlos me contó que
lo vió muy distinto, muy cambiado al hombre. Lo vió en el bar del
Julio, tomando whisky, muy borracho. Del alcohol no me extraña,
porque viene de la ciudad, encima de la universidad, y ya sabemos
todas las cosas que acostumbran los jóvenes ahí. Pero estaba
bastante desalineado, cosa que pensé que era imposible en él. Y
dice el Carlos que le contó que no sabe si va a seguir con su
trabajo, que quizás renuncia y se vuelve a la ciudad, que tipos como
él se buscan en todos lados, que su trabajo lo favorece, pero que
tampoco eso le importa, porque se ganó una flor de derrota, de esas
de las que cuestan salir. De todas formas, todo muy esperable, de
alguien bastante predecible.
En cambio la Anake parece otra. La
madre me contó que tiene un poco de miedo a veces, que las cosas que
le dice su hija parecen que salieran de otra boca. Dice que lo peor
fue un día cuando le contó que “ya lo había enterrado”, y que
le dió “un lindo funeral, sencillo pero lindo”. Dice la pobre
que casi se cae de espalda al piso del susto que se dió
(imagináte!), una hija asesina!, pensó (como hacía varios días no
lo veía al fulano ni yendo a su casa ni por las calles del pueblo,
sospechó lo peor). Pero ahí nomas, antes de que dijera nada, con
una sospechosa tranquilidad Anake le explicó que se puede enterrar a
alguien en el pensamiento, que se puede matar aunque la persona ande
viva por ahí bien campante. Que era necesario, que la muerte se
necesita a veces para nacer, y que además no fue una muerte
dolorosa, lo perpetró el mismo día que lo pensó y que fue de un
zarpazo y sanseacabó. Que se quede tranquila porque ella igual tira
semillas en el lugar donde lo enterró, para que nazcan flores.
Flores nuevas, no de las cortadas. Flores con las raíces bien hondo,
firmes, en la oscuridad húmeda, silenciosa de la tierra. Que dé un
fruto la tierra abonada con aquel que ya no es. Esas fueron las
palabras, las mismísimas palabras de la Anake a su madre. Te las
digo así porque la pobre de la madre se las memorizó de tanto
repetírselas a si misma, tratando de entender a su hija, a la que
temía loca. No llegó a otras conclusiones, pero le tranquilizó lo
de la muerte solo en el pensamiento. Yo ya no sé qué pensar, Rita.
Esta chica era una gran promesa, todas las cualidades, y este buen
mozo, de la ciudad, un bien pensante. Para arruinarlo todo, ¿te
parece a vos?
Rita, después de un largo rato de quietud, oyente silenciosa durante todo el relato, admirable paciencia o complicidad, ofrece como única respuesta un suspiro largo y profundo, al término del cual decide tomar el impulso para agarrar la pava, y cebar el próximo mate.
Rita, después de un largo rato de quietud, oyente silenciosa durante todo el relato, admirable paciencia o complicidad, ofrece como única respuesta un suspiro largo y profundo, al término del cual decide tomar el impulso para agarrar la pava, y cebar el próximo mate.
Lindo lindo, lo discutimos bastante a este texto; sobre todo porque lo leiste por primera vez después de una interrupción en la casa de Hora muy particular, jejeje...
ResponderEliminarme gusta mucho el personaje de la vieja chusma! me parece que proyecta genialmente el habitus (perdón por la ñoñada bourdieana) de la gente de pueblo pequeño.
ResponderEliminarTiene también un lenguaje muy de radio, eso hace que me guste más.no..
Estoy pensando algo que le faltara o algo que le cambiaría, pero no... levanto el pulgar y digo: me gusta.
ídola, Aye.
ese "no" después del: "eso hace que me guste más" se chanfleó. Cambio y fuera.
ResponderEliminarMe encanta, Aye. Me parece buenísima la historia (¿cuántas veces sucede en la vida lo de "cuando me querés no te quiero y cuando te quiero no me querés"?) y la forma de contarla. Es como estar viéndolo! Me gusta el lenguaje "campechano", aunque por ahí me parece que oscilara un poco (no la veo a la pobre vieja usando la palabra "transversal"). Pero eso es mínimo, y por lo demás el texto me parece perfecto.
ResponderEliminarBeso!
Pd: me gusta el título.
ResponderEliminargracias!!
ResponderEliminares una de las pocas veces que me contenta un titulo que se me ocurre.
Cuando le sumé el titulo tambien intenté modificar algunas palabras, acordandome de tu señalamiento, Hora, porque me parecía lo mismo. Saqué algunas palabras que no eran definitivamente del personaje, pero algunas otras me quedaron desapercibidas