miércoles, 28 de marzo de 2012

Ana (ve con él)

Ana despertó después de una noche sin sueños, saltó de la cama sobre las pantuflas colocadas la noche anterior para recibir sus pies, entró al baño, se lavó cara-manos-dientes esquivando su mirada en el espejo, encontró sobre la mesada de la cocina la antesala de su desayuno que tomaba mientras calentaba agua, llenó un termo y cebó mates uno tras otro mientras leía los 2 diarios que dejaban en su puerta todas las mañanas; después tomó una ducha rápida, salió de su casa, bajó 4 pisos por las escaleras, salió del edificio, caminó 8 cuadras hasta su trabajo, prendió el celular mientras traspasaba la puerta del edificio, justo a tiempo para empezar a leer y responder mensajes esperando el ascensor y luego subiendo 16 pisos hasta la oficina en la que trabajaba, entró en la oficina, fue dedicando saludos educados pero precisos a sus compañeros junto a los cuales pasaba sin detenerse, hasta que llegó a su oficina, se sentó, prendió su computadora y, mientras ésta iniciaba, revisó los informes que su secretaria tenía instrucciones de dejarle sobre su escritorio, ordenándolos en el escritorio según la prioridad, de modo que para el momento en que su computadora terminaba de encender ella tenía sobre su escritorio una constelación de papeles que iba recorriendo metódicamente hasta la una de la tarde, momento del almuerzo.

Ana apagó el monitor, deshizo con asombrosa precisión sus pasos, decidando a sus compañeros asentimientos a modo de saludo, sacó el celular del bolsillo, verificó antes de llegar al ascensor sus mensajes para responderlos mientras esperaba y bajaba los 16 pisos, salió del edificio, caminó las 8 cuadras hasta su departamento, subió por las escaleras los 4 pisos, entró, fue directo al televisor, lo encendió, verificó que el volumen fuera suficiente para escuchar  desde la cocina las pocas noticias que pudieran haber sucedido durante la mañana, calentó su almuerzo en el microondas, aprovechando los 5 minutos para lavar lo que había quedado sucio después del desayuno y armar una bandeja con lo con lo de siempre, y se sentó a almorzar frente al televisor.

Ana tomó exactamente 35 minutos para almorzar, apagó el televisor, llevó la bandeja a la cocina, recorrió otra vez el camino a su oficina, encontró la telaraña de asuntos que había tejido antes de salir y empezó a desenredarla.

Todos miraban a Ana con admiración. Era rápida, precisa, meticulosa, extremadamente eficiente en lo que hacía. Todo en la vida de Ana sucedía como la predictibilidad del derrumbe calculado de piezas de dominó, cada acción desencadenaba naturalmente en la siguiente, como un péndulo que al ir hacia un lado tomaba impulso para volver hacia el otro. Ana no malgastaba energía, no daba pasos en falso ni puntada sin hilo. Ana era implacable, surcaba la oficina 4 veces por día, nunca se detenía, nunca fallaba, y ellos sabían la hora con solo verla pasar, pero a veces jugaban a preguntársela, porque nunca escuchaban por respuesta “la una y cuarto” o “las siete y cuarto”, sino “la una y trece” o “las siete y diecisiete”, sin que Ana demorara un segundo su paso. Ana era inalcanzable.

Ana apagó su computadora mientras acomodaba el último informe en la pila que su secretaria recogería aantes de irse, tomó su abrigo y bolso, atravesó la oficina despidiéndose de todos por su nombre, esperó el ascensor repitiendo la rutina del celular y entró para recorrer los 16 pisos.

Pero no importa cuan calculadamente viva uno su vida, nadie es inmune al azar. Ana siente cómo luego del piso 9 el ascensor empieza a disminuir su velocidad y se detiene entre el piso 8 y el 7. Ana permanece 5 segundos sumergida en la incertidumbre, mira el tablero y comprueba que nadie llamó el ascensor. Entonces decide que aquello no es normal. El celular no tiene señal. Se le acelera el pulso. Presiona repetidamente el botón de alarma, la escucha sonar, se queda mirando el reloj y después de 10 segundos no ha sucedido nada; 15 segundos y nada; 30 segundos y nada. Ana desespera. Mira alternativamente el celular y el reloj, pero nada: uno sigue inerte, el otro no se detiene; nunca se detiene. Ella no puede detenerse.

Ana escuha ruidos afuera. Alguien llega cerca de la puerta. Un hombre habla.

Ana cree oír su voz.

Pero él está en otro lugar. Vuelve en colectivo de su trabajo. Mira por la ventana, imaginando que llueve. Piensa en ella. Mira su celular, sabiendo que no va a encontrar un mensaje de ella; por la hora, sabe que estará volviendo de su trabajo. Ana es implacable. Él se deja llevar por el colectivo, sintiéndose arrastrado, atropellado por el tiempo y el espacio. Atardeció en la ciudad, es de noche. Él piensa en un amanecer, y se limita a seguir mirando por la ventana, sufriendo por Ana.

Ana vive el rescate en el ascensor teniendo la impersión de ser una expectadora de su propia vida. Sale ayudada por un hombre que no conoce y se queda unos minutos inmóvil, en silencio. El hombre le pregunta si se siente bien, si necesita algo, si quiere que llame a alguien. Ana no responde. Mira fijo a aquel hombre, incapaz de entender lo que le dice. Es corpulento, de piel grasienta, lleva ropa sucia con con manchas de transpiración debajo de las axilas.

Ana supo entonces que era momento de seguir adelante.

Ana le respondió que estaba bien y le agradeció. Después se sacudió la ropa, bajó por la escalera los 7 pisos que la separaban de la calle y empezó a caminar. Caminó las 8 cuadras hasta su edificio con la mente en blanco, subió los 4 pisos hasta su departamento, entró y prendió el televisor. Se preparó algo de cenar mientras escuchaba las noticias del día y después se sentó frente al aparato.

Ana se levantó del sillón, llevó la bandeja a la cocina y se fue a acostar. Antes siguió toda su rutina de higiene. Se metió en la cama con una sensación extraña sin saber muy bien qué era. Tomó una pastilla para dormir más que todas las noches, y apagó la luz.

A la mañana siguiente, Ana despertó de una noche sin sueños.

Flores nuevas


Es un tipo algo simpático. Siempre está en el lugar donde tiene que estar, vestido del modo que
debe vestir. Calculador. ¿Te dije que lleva siempre pantalones negros anchos? Bueno, así viste y
nunca desviste, porque tiene que estar listo por si las dudas, ¿sabes? Igual, todo es así hasta que conoce a Anake. 


Ella es una chica bastante calladita y seria a primera vista, responsable, fue la abanderada en la escuela, todos los domingos misa, en fin, todo lo esperablemente correcto, la nieta que cualquiera quisiera, vos me entendés. La cuestión empezó un domingo después de misa, ella salía, de punta en blanco siempre, para dar primero una vueltita a la plaza y rumbear después pa' las casas. Pero en el recorrido se fué a meter él, medio de un tropezón, por decirlo así. Mientras ella caminaba despacito, midiendo cada paso, y como acariciando el piso, él se fue adelantando, matemáticamente -a razón de dos pasos suyos por cada uno de ella- hasta llegar a su lado, y bastante torpemente, sacar conversación con cualquier pavada, creo que le dijo algo del clima. (no es que sea chusma, eh? Yo los ví de casualidad, porque salí de la iglesia un rato después de ella, y por eso los vi vuelteando a la plaza, medio tonteando te diría).
Y así de simple empezó su historia. Como ella es vecina mía (por eso es que conozco bien como
fué, no es que me interese la vida de otros, no vayas a pensar, eh?), me fui enterando que estaban noviando. Desde el principio noté que las tardes que no pasaba por su casa, ella era capaz de quedarse horas y horas mirando por la ventana, la mirada lánguida, las manos alisando la pollera, sentada en un sillón hamaca. Pa' mi que para él era una distracción, algo para entretenerse en tanta monotonía del pueblo. Él además es un tipo de letras, ¿sabías? Estudió en no se qué universidad, ¡bohemio encima...! Aunque a sus responsabilidades no falla nunca, hay que reconocer. En cambio ella debe haber pensado desde el principio en el casamiento, en los hijos, y todo eso que a una le enseñan a anhelar, ¿no? Él pasaba de cuando en cuando a visitarla, y entonces a ella se le iluminaba la cara, parecía que encandilaba si se la miraba en ese momento. En lo que más se parecían era en la pulcritud, en la perfección de sus presencias, parecía un despliegue de protocolo de la realeza verlos caminar de la mano por la vereda. Porque por lo demás, ¡yo siempre los ví tan distintos...! Igual parece que de alguna forma extraña se entendían los dos, porque anduvieron juntos bastante tiempo. Anake se pasaba las tardes leyendo frente a su ventana los libros que él le prestaba, y mientras, -como excusa-, pispiaba la vereda para ver si ese día pasaba de visita. Nunca entendí por qué ella era siempre la que lo esperaba, y no iba a buscarlo a su casa en vez de estar como una Penélope. Es raro, porque la Anake siempre fué tan independiente... pero bueno, siempre se dice que el amor cambia a la gente, ¿no?
Pero con el tiempo ella fue dejando de habitar la ventana y el sillón, ya no se la veía leyendo tanto tampoco. Salía sola a caminar, igualito a aquel día en la plaza, se sentaba un rato en un banco, clavaba la mirada en cualquier lugar, se quedaba así un buen rato, y cuando una empezaba a pensar (con miedo) si no estaría teniendo síntomas autistas, se levantaba de repente y caminaba a paso mas rápido, hacia su casa (es porque mi casa da justo en dirección transversal a la plaza, y vos sabés cuanto me gusta mirar la plaza a la tarde, teniendo una vista privilegiada así sería un despropósito desaprovecharla, ¿o no? encima con lo lindas que están las plantas en esta época, es sólo por eso que se daba la casualidad de que la veía en su nueva rutina...).
Parecía que ya no le importaba esperarlo. La antigua obsesión se había convertido en la mas plena indiferencia. Ni siquiera rechazo, sino una pura indiferencia. Eso si, cuando la visitaba, Anake lo recibía contenta de todos modos (aunque sospecho que era una alegría de protocolo también). Y parecía que esa cuota de frescura y alegría se la habían intercambiado, traspasado, porque lo que antes él no expresaba, ahora le desbordaba por los poros. No sé si cambió de idea, o lo que al principio era entretenimiento se lo fué tomando sin querer en serio, la cuestión es que al tipo se lo veía cada vez mas entregado. Si, así te lo digo, no exagero. En cada gesto, en cada ademán, en cada movimiento de su cuerpo frente a ella parecía que le ponía a su disposición su humanidad entera, para que ella hiciese o deshiciese, según quisiera. Y parece que la Anake algo descifró en ese mensaje sin palabras, porque hizo y deshizo. Será que se había aburrido de esperar, o que se gastó de repente el frasquito de la pasión muy al principio y no dejó ni una gota para su ansiado matrimonio. Ya para esos tiempos, en que uno se alejaba y el otro mas se acercaba, el protocolo se hizo pedazos y ahora sólo se veía, con una claridad estremecedora, un forcejeo invisible. Ya para esos tiempos te digo, se notaba que no daba para mas (no es que yo hubiera estado pensando en eso eh? para nada, pero era imposible no darse cuenta de esas cosas, con solo verlos nomas...parecía como si se hubieran dibujado en las frentes, con lapicera, los pensamientos de cada uno, como para que todo el pueblo se los lea).
Al tiempito el fulano dejó de ir a su casa (pa' mi que ella lo mandó mudar), pero el Carlos me contó que lo vió muy distinto, muy cambiado al hombre. Lo vió en el bar del Julio, tomando whisky, muy borracho. Del alcohol no me extraña, porque viene de la ciudad, encima de la universidad, y ya sabemos todas las cosas que acostumbran los jóvenes ahí. Pero estaba bastante desalineado, cosa que pensé que era imposible en él. Y dice el Carlos que le contó que no sabe si va a seguir con su trabajo, que quizás renuncia y se vuelve a la ciudad, que tipos como él se buscan en todos lados, que su trabajo lo favorece, pero que tampoco eso le importa, porque se ganó una flor de derrota, de esas de las que cuestan salir. De todas formas, todo muy esperable, de alguien bastante predecible.
En cambio la Anake parece otra. La madre me contó que tiene un poco de miedo a veces, que las cosas que le dice su hija parecen que salieran de otra boca. Dice que lo peor fue un día cuando le contó que “ya lo había enterrado”, y que le dió “un lindo funeral, sencillo pero lindo”. Dice la pobre que casi se cae de espalda al piso del susto que se dió (imagináte!), una hija asesina!, pensó (como hacía varios días no lo veía al fulano ni yendo a su casa ni por las calles del pueblo, sospechó lo peor). Pero ahí nomas, antes de que dijera nada, con una sospechosa tranquilidad Anake le explicó que se puede enterrar a alguien en el pensamiento, que se puede matar aunque la persona ande viva por ahí bien campante. Que era necesario, que la muerte se necesita a veces para nacer, y que además no fue una muerte dolorosa, lo perpetró el mismo día que lo pensó y que fue de un zarpazo y sanseacabó. Que se quede tranquila porque ella igual tira semillas en el lugar donde lo enterró, para que nazcan flores. Flores nuevas, no de las cortadas. Flores con las raíces bien hondo, firmes, en la oscuridad húmeda, silenciosa de la tierra. Que dé un fruto la tierra abonada con aquel que ya no es. Esas fueron las palabras, las mismísimas palabras de la Anake a su madre. Te las digo así porque la pobre de la madre se las memorizó de tanto repetírselas a si misma, tratando de entender a su hija, a la que temía loca. No llegó a otras conclusiones, pero le tranquilizó lo de la muerte solo en el pensamiento. Yo ya no sé qué pensar, Rita. Esta chica era una gran promesa, todas las cualidades, y este buen mozo, de la ciudad, un bien pensante. Para arruinarlo todo, ¿te parece a vos?

Rita, después de un largo rato de quietud, oyente silenciosa durante todo el relato, admirable paciencia o complicidad, ofrece como única respuesta un suspiro largo y profundo, al término del cual decide tomar el impulso para agarrar la pava, y cebar el próximo mate.

Primera consigna: Tiempo



Pero qué video tan chomazo clavó el chomazo de Arjona!

¿Verdad que odiamos Wordpress?

Querida gente,

Como se decidió unánimemente (aunque faltaba un ánima) en la reunión de ayer, LQS vuelve a Blogger con la cola entre las patas. No es que no nos guste el cambio, ni que seamos estructurados, Lu, pero se nos hace muy complicado Wordpress, y en definitiva esto es apenas el espacio que vamos a usar para compartir virtualmente lo que quisiéramos compartir personalmente más seguido, no el nombre de nuestra hija o el color del que vamos a pintar nuestra casa de la playa; es decir, lo importante es que sea cómodo, no que sea original, diferente, revolucionario, o lo que sea que pueda llegar a ser Wordpress a diferencia de Blogger (además de extremadamente complicado). Si lo considerás un atropello a los sagrados derechos que te otorga el Santísimo Reglamento, ya sabés con quién ir a quejarte (Tefi opina que todos nos pasamos el Sagrado Reglamento por el culo, no estoy de acuerdo... creo que debemos honrarlo, respetarlo y pagar por nuestras ofensas hacia Él).

En fin, veamos entonces si este blog resulta más mejor y popular que el anterior, y dejémosnos de vueltas. Ya están todas invitadas... que empiece el show!

Pd: seguimos siendo chomazos.
Pd1: la dirección del blog es tentativa, puede cambiarse en cualquier momento si así se decide; privilegié la diligencia por sobre el acuerdo de las voluntades que, a diferencia de la primera, puede postergarse.